1.9 La felicidad en la adversidad

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Por último, Aristóteles expone de nuevo la cuestión de los bienes exteriores, pero esta vez para analizar sus consecuencias. Si es cierto el dicho de Solón de que no podemos llamar feliz a un hombre hasta que sepamos cómo acaba su vida[1], la felicidad sería algo voluble y cambiante, a merced de las circunstancias[2]. Sin embargo, esta conclusión no es necesaria, dice Aristóteles, porque la felicidad depende de las acciones virtuosas (de cumplir esa función intelectiva propia de la naturaleza humana), de tal modo que el hombre virtuoso lo es toda su vida, si es que ha de serlo de un modo excelente[3]. Las circunstancias externas no pueden, pues, cambiar su virtud. El hombre feliz, en consecuencia, no será desgraciado, aunque tampoco venturoso, incluso si es objeto de las peores calamidades[4]. Con ello, Aristóteles parece introducir la idea de una satisfacción que da el hecho mismo de ser virtuoso, asociando, al mismo tiempo, el significado corriente de felicidad con el término “enturoso”[5]. Más adelante se verá la importancia que esta satisfacción que la virtud proporciona por sí misma tiene para Demócrito. Para terminar, Aristóteles añade que si un hombre actúa de acuerdo con la vida perfecta, y además está suficientemente provisto de bienes externos durante toda su vida, podemos llamarlo con todo derecho feliz[6]. Feliz y venturoso, debería, tal vez, decir.


[1] “Pues la felicidad requiere, como dijimos, una virtud perfecta y una vida entera, ya que muchos cambios y azares ocurren a lo largo de la vida, es posible que el más próspero sufra calamidades en su vejez… y nadie considera feliz al que ha sido víctima de tales percances y ha acabado miserablemente” (1100a,1-10). Y se pregunta: “¿no hemos de considerar feliz a ningún hombre mientras viva, sino que será necesario, como dice Solón, ver el fin de su vida” (1100a,10-15).
[2] “Porque está claro que, si seguimos las vicisitudes de la fortuna, llamaremos al mismo hombre tan pronto feliz como desgraciado, representando al hombre feliz como una especie de camaleón y sin fundamentos sólidos” (1100b,1-5).
[3] “Lo que buscamos, entonces, pertenece al hombre feliz, y será feliz toda su vida; pues siempre o preferentemente hará y contemplará lo que es conforme a la virtud, y soportará las vicisitudes de la vida lo más noblemente y con moderación en toda circunstancia” (1100b,15-25).
[4] “Y si esto es así [si el hombre virtuoso lo es por su apego a la virtud], el hombre feliz jamás será desgraciado, aunque tampoco venturoso, si cae en los infortunios de Príamo” (1101a,5-10).
[5] De todos modos, Aristóteles no es nada preciso al utilizar los términos venturoso y feliz (a no ser que se deba a un error del traductor), pues, a pesar de lo que dice en el texto de la nota 53, poco antes había dicho: “Así, si las actividades rigen la vida, ningún hombre venturoso llegará a ser desgraciado, pues nunca hará lo que es odioso y vil.” (1100b,30).
[6] “¿!Qué nos impide, pues llamar feliz al que actúa de acuerdo con la vida perfecta y está suficientemente provisto de bienes externos, no por algún período fortuito, sino durante toda su vida?” (1101a,15-20).
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