1.3 La felicidad y los tres modos de vida

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Al examinar la vida política, vemos que su fin parece ser el honor, o los honores[1]. Sin embargo, estos honores a los que se aspira se buscan para convencerse uno a sí mismo de la propia virtud, mediante el reconocimiento que a nuestra persona otorgan los demás[2]. Así, la virtud será en sí misma preferible a los honores, aunque tampoco se puede concluir que la virtud sea el verdadero fin de la vida política, pues el que posee la virtud no es necesariamente feliz[3]. En este argumento de Aristóteles se halla una crítica al concepto arcaico de virtud o areté que se refleja en las obras homéricas, y fundamentalmente en La Ilíada[4].La vida sensitiva, por su parte, aspira a bienes que proporciona la riqueza, por lo que tampoco es la riqueza en sí lo que busca[5]; o bien aspira al placer. La cuestión de si el placer puede ser el supremo bien es analizada sólo de modo indirecto en este primer libro de la Ética, y de manera metódica en el Libro X.

En cuanto a la vida contemplativa, Aristóteles pospone su análisis. Lo retomará en el último libro, el décimo[6].


[1] 1095b,20-25.
[2] “Esos hombres parecen perseguir los honores para persuadirse a sí mismos de que son buenos, pues buscan ser honrados por los hombres sensatos y por los que los conocen, y por su virtud; es evidente, pues, que en opinión de estos hombres la virtud es superior” (1095b,25-30)
[3] “Tal vez se podría suponer que ésta [la virtud] sea el fin de la vida política, pero salta a la vista que es incompleta, ya que puede suceder que el que posee la virtud esté dormido o inactivo durante toda su vida, y además padezca grandes males e infortunios; y nadie juzgará feliz al que viva así” (1095b,30/1096a,5).
[4] Werner Jaeger examina en los primeros capítulos de su célebre obra Paideia el concepto aristocrático de virtud y su crisis, primero en manos de los sofistas y posteriormente en las del propio Aristóteles.
[5] “Es evidente que la riqueza no es el fin que buscamos, pues es útil en orden a otro” (1096a,5-10).
[6] “El tercer modo de vida es el contemplativo, que examinaremos más adelante” (1096a,5).
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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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Llega, por fin, el momento de averiguar qué es la felicidad. Ello puede lograrse examinando cuál es la función propia del hombre, “pues parece que lo bueno y el bien están en la función”[1]. Aristóteles constata, en efecto, que cada ser y cada actividad tienen una función que les es propia y en cuyo cumplimiento se realizan y cumplen su especificidad[2]. La función del hombre no puede ser la vida vegetativa, el vivir sin más, pues este tipo de vida es común a las plantas[3]. Tampoco la vida sensitiva, que comparten los animales[4]. La función del hombre parece ser la vida intelectiva[5], de ahí que propio del hombre será una actividad del alma según la razón[6]. En conclusión: la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud[7].Parece haberse dado aquí un paso ilegítimo desde la noción de función a la de virtud, pero hay que hacer notar que virtud no ha de entenderse, en esta ocasión, en el sentido que opone este término a vicio, tal como se usa en la ética estoica y en la cristiana, y tal como el propio Aristóteles parece emplearla a lo largo de varios libros de la Ética, aquellos en los que examina las virtudes éticas y sus contrarios.

Aquí, como el contexto indica claramente, y como señalan los estudiosos de la ética aristotélica[8], virtud ha de entenderse en el sentido de excelencia, de lo que hoy llamamos virtuosismo. Un citarista virtuoso será aquél que no sólo toque la cítara (función propia de su oficio) sino que además lo haga de un modo excelente.

Así, pues, el hombre virtuoso en lo absoluto, y no en una actividad particular, será el que realice de un modo excelente la función propia del ser humano que, como ya hemos visto, es la de vivir conforme y guiado por la razón, por la vida intelectiva. Parece fácil, sin embargo, aventurar que el hombre particular que cumpla de modo excelente la función propia del hombre en tanto que hombre, se alejará de manera necesaria del vicio, en tanto que éste parece oponerse a la razón. Pero lo hará de un modo sobrevenido, no aplicando una especie de virtud cuya función principal es la de negar el vicio y ser su opuesto, tal como admiten otros planteamientos éticos, que incluso pueden concebir que un hombre sea virtuoso no por atenerse a la razón, sino por seguir preceptos externos[9].


[1] 1097b,25-30.
[2] 1097b,25-30.
[3] “El vivir, en efecto, parece también común a las plantas, y aquí buscamos lo propio [del hombre] (1097b,30).
[4] “Seguiría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales” (1098a,1-5).
[5] “Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón” (10989a,1-5).
[6] “Si, entonces, la función propia del hombre es una actividad según la razón, o que implica la razón….” (1098a,5-10).
[7] “Resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud” (1098a,15-20).
[8] Así lo hacen los comentaristas de la versión de Gredos, y así lo hace Jesús Mosterín en su libro dedicado a Aristóteles de su Historia de la Filosofía.
[9] En Séneca, por ejemplo.